jueves, 20 de mayo de 2010

Una cosa a la vez...

Continuar con la vida se hace cuesta arriba si no hacemos unos ajustes. Lo ilusorio sería pensar que después de haber soportado una operación como ésta, mi vida continuaría igual. Se trata de cambiar los malos hábitos, optimizando lo bueno.
Hoy alguien me contó que conocía a una mujer operada de bypass, que de "gordita" risueña y feliz se había convertido hoy, en una persona delgada pero triste, seria y cabisbaja.
Es sabido que los humanos pasamos por procesos, a veces rápidos, a veces lentos. Depende de nuestra receptividad a lo que estamos aceptando. Las personas a nuestro alrededor, solo ven lo que proyectamos en dichos procesos, pero lo que realmente sucede dentro de nosotros solo puede ser comparado a una olla a presión a fuego lento, después del primer hervor. A mi me sucede que me pongo introspectiva. Suelo pensar mucho y analizarme. Hablo poco y me vuelvo distante. Después de la operación pasé por un período así. Las personas que te rodean se sienten tan lejos de ti, que se preocupan porque no saben como estar, que hacer contigo, como ayudarte. A veces no reaccionan bien porque no entienden como tratarte. Y lo cierto es que no lo pueden saber porque uno tampoco lo sabe. Pues entendamos que dichos procesos son necesarios para crecer. Y en esta etapa la aceptación, juega un rol muy importante. Primero aceptar que un proceso, es solo eso. Un paso a otra cosa. Por lo tanto no puedo quedarme pegada mas del tiempo necesario en APRENDER lo que deba aprender.

Entre aprender a comer, a comer lento, pausadamente, masticando bien cada bocado. Luego me doy cuenta que no es solo mi velocidad de comer, sino mantenerme independiente de la velocidad de los demás, cosa que cuesta mas de lo que se supone. Y que no me importe demorarme más que el resto. Y además de todo esto, evaluar cuándo ya no me cabe más, y tomar los dos litros de liquido diario. En fin, esto se traduce en aprender a comer. Literalmente me sentía como un bebé. Los primeros días, solo líquidos, luego las papillas. Hasta esta etapa iba como avión. Después los picados. Aquí empezó mi calvario. Y debo reconocer que me demoré en pasar esta etapa solo porque me resistía a aprender. Se me olvidaba comer lento, o recordar que los guisos son mas pasables que lo seco.

Recuerdo que hubo un tiempo, en el verano que comencé a pensar en que sería mas práctico simplemente dejar de comer. Me parecía una pérdida de tiempo hacerlo. Afortunadamente no me quedé pegada en esto. Me habría pasado para el otro extremo. Como en el chiste de Mafalda y su hermano Guille, descubrí que no se puede patear la "todtuga" como quería hacerlo Guille y hacer como si no existiera solo porque no he podido superarlo. Cada cosa a su tiempo. Sin prisa ni apuros.
Hoy veo esos procesos en mi pasado, porque hoy estoy en otra etapa. Es como ir pasando de curso. Solo que a nadie le es más importante que a uno mismo. Y lo que ayuda mucho es mantener nuestro propósito. Recordarlo. ¿Para qué estas haciendo esto? ¿Para qué te operaste? Puede suceder que se nos olvide la razón por la que hemos tomado la decisión de cambiar nuestra vida. Cuando esto secede, perdemos un poco, solo un poco, la "ubicación". La referencia. Tengamos presente nuestro referente: el propósito.
Mi propósito era bastante simple: ver y disfrutar algun día a mis nietos(aún no tengo), y en el tiempo se han sumado otros propósitos que solo han sido referentes adicionados a la ventaja de haber tomado la decisión muy a tiempo.

viernes, 14 de mayo de 2010

Dolores de Crecimiento




Llevo poco mas de 5 meses de operada de bypass gástrico.
Para muchos es un remedio sin esfuerzo. Y no culpo a quienes tienen ese pensamiento, ya que yo misma lo tenía.
Descubrí que estaba equivocada.
Y no me refiero a que la solución del problema de obesidad sea la operación. Ya que claramente no lo es. De ser así, no habría tantas personas que han subido después de operarse.
Lo que Sí puedo sugerir, es que es una suerte de herramienta para solucionar un problema que hemos creado en nuestro cuerpo. Ya sea por las enfermedades que están asociadas a la obesidad, o ya sea porque simplemente nos molesta el rollo, o nos cansamos al subir una escalera de 15 peldaños. O porque no nos atrevemos a entrar a una tienda de ropa para leer en los ojos de la empleada, "aquí no hay de su talla". Con el tiempo dejamos de entrar a ninguna parte a probarnos nada.
Esta herramienta, este cincel hace que nos obliguemos a entrar en un proceso de cambio.
¿Y el pero? Siempre hay un pero...
En realidad no es un "pero". Ya que la herramienta solo sirve para una función. Lo mismo sucede con los medicamentos. El punto subliminal es que la solución está dentro de nosotros.
En la mente del obeso. En la mente del sujeto que hoy es obeso. Porque no todos nacen obesos.
La mayoría, como yo, se han hecho obesos a lo largo de su vida. Y un día el problema se les hace muy pesado. Ya no hay control. Es como los fumadores, alcohólicos y drogadictos. Es una adicción y debe ser tratada como tal. Y las adicciones son una enfermedad.
Un alcohólico jamas deja de serlo. Puede rehabilitarse, pero jamás se reconocerá a si mismo de otro modo. Y ellos dicen "Estoy sano" cuando logran salir de la adicción.

Pues yo aún no puedo decir "estoy sana", porque no siento que haya salido de mi enfermedad. Aunque haya bajado casi 40 kilos y me "vea" delgada.
Y esto es porque he asumido que el origen de la enfermedad está en mi cabeza. En mi baja autoestima, en culpar a otros por mis fracasos, por mi desdicha, por la tristeza, la rabia, la ansiedad, la vergüenza, y así sigue la lista. He aprendido a ver todas esas cosas de frente y ponerle nombre. Analizar cada una. Y reconocer que cada una de ellas estaba cómodamente alojada en mi mente. Y cada vez que sentía alguna emoción, las tapaba con un pastelito, un sandwich, un chocolate. Tapaba cada emoción para no sentir. No sentir tristeza, no sentir vergüenza, no sentir alegría, no sentir rabia. ¿Porque hacía eso? Porque de alguna manera no tenía derecho, o bien, no quería pensar. Es mas fácil no hacerlo. No te cuestionas. Aunque al no querer pensar te juzgas. Al no querer sentir o peor aún sentir que no tengo derecho, me juzgo. Pero eso un enfermo no lo sabe. Todos saben que no se le puede enseñar a nadar a alguien que se está ahogando. Esto es lo mismo. Por eso es que nadie puede ayudarte, si no pides ayuda. Tienes que estar abierto a reconocer que tienes un problema. Los psicólogos también dicen esto. Para sanar un problema primero hay que abrir la olla y ver los problemas antes de sacarlos uno a uno y analizarlos. Pero el proceso de "abrir la olla" y mirar dentro es también un proceso doloroso. Y le tememos tanto al dolor. Cuando la única forma de crecer es a punta de golpes y dolores. Dolores de crecimiento decía una amiga. Dolor se define como: "Sensación molesta y desagradable que se siente en una parte del cuerpo a causa de una herida o enfermedad". Dolor sentimos casi siempre. Cuando sentimos rabia, nos duele el estómago o la cabeza. Cuando sentimos miedo, la boca del estómago, cuando sentimos una profunda tristeza podemos llegar a creer que tenemos un preinfarto. El cuerpo somatiza y es nuestro canal de expiación de nuestras emociones. Podemos taparlas y esconderlas, pero por alguna parte se canalizan.
Con el tiempo, se aprende a analizarse sin juzgar.
Aprendí a preguntarme a mi misma y escucharme.
Darme el tiempo de escuchar a mi cuerpo, lo que quiere decirme.
He aprendido a SENTIR. A reír como loca, a sentir tristeza, a darme la oportunidad de sentir porque yo lo merezco.
Merezco quererme porque estaré aquí conmigo hasta el último día de esta vida. Y hay muchas cosas que hacer y ver y lugares donde ir, por lo tanto necesito este cuerpo para muchas cosas. Y lo necesito sano.