Hoy alguien me contó que conocía a una mujer operada de bypass, que de "gordita" risueña y feliz se había convertido hoy, en una persona delgada pero triste, seria y cabisbaja.
Es sabido que los humanos pasamos por procesos, a veces rápidos, a veces lentos. Depende de nuestra receptividad a lo que estamos aceptando. Las personas a nuestro alrededor, solo ven lo que proyectamos en dichos procesos, pero lo que realmente sucede dentro de nosotros solo puede ser comparado a una olla a presión a fuego lento, después del primer hervor. A mi me sucede que me pongo introspectiva. Suelo pensar mucho y analizarme. Hablo poco y me vuelvo distante. Después de la operación pasé por un período así. Las personas que te rodean se sienten tan lejos de ti, que se preocupan porque no saben como estar, que hacer contigo, como ayudarte. A veces no reaccionan bien porque no entienden como tratarte. Y lo cierto es que no lo pueden saber porque uno tampoco lo sabe. Pues entendamos que dichos procesos son necesarios para crecer. Y en esta etapa la aceptación, juega un rol muy importante. Primero aceptar que un proceso, es solo eso. Un paso a otra cosa. Por lo tanto no puedo quedarme pegada mas del tiempo necesario en APRENDER lo que deba aprender.
Entre aprender a comer, a comer lento, pausadamente, masticando bien cada bocado. Luego me doy cuenta que no es solo mi velocidad de comer, sino mantenerme independiente de la velocidad de los demás, cosa que cuesta mas de lo que se supone. Y que no me importe demorarme más que el resto. Y además de todo esto, evaluar cuándo ya no me cabe más, y tomar los dos litros de liquido diario. En fin, esto se traduce en aprender a comer. Literalmente me sentía como un bebé. Los primeros días, solo líquidos, luego las papillas. Hasta esta etapa iba como avión. Después los picados. Aquí empezó mi calvario. Y debo reconocer que me demoré en pasar esta etapa solo porque me resistía a aprender. Se me olvidaba comer lento, o recordar que los guisos son mas pasables que lo seco.
Recuerdo que hubo un tiempo, en el verano que comencé a pensar en que sería mas práctico simplemente dejar de comer. Me parecía una pérdida de tiempo hacerlo. Afortunadamente no me quedé pegada en esto. Me habría pasado para el otro extremo. Como en el chiste de Mafalda y su hermano Guille, descubrí que no se puede patear la "todtuga" como quería hacerlo Guille y hacer como si no existiera solo porque no he podido superarlo. Cada cosa a su tiempo. Sin prisa ni apuros.
Hoy veo esos procesos en mi pasado, porque hoy estoy en otra etapa. Es como ir pasando de curso. Solo que a nadie le es más importante que a uno mismo. Y lo que ayuda mucho es mantener nuestro propósito. Recordarlo. ¿Para qué estas haciendo esto? ¿Para qué te operaste? Puede suceder que se nos olvide la razón por la que hemos tomado la decisión de cambiar nuestra vida. Cuando esto secede, perdemos un poco, solo un poco, la "ubicación". La referencia. Tengamos presente nuestro referente: el propósito.
Mi propósito era bastante simple: ver y disfrutar algun día a mis nietos(aún no tengo), y en el tiempo se han sumado otros propósitos que solo han sido referentes adicionados a la ventaja de haber tomado la decisión muy a tiempo.